La duda

Visitando la duda, me ha sorprendido en la puerta una simpática interrogante. La soporto por educación, porque por muy simpática que sea, llega un momento en que resulta intimidante y hasta un tanto tenaz.
Me ofrece en una bandeja una rebanada de confianza, la cual rechazo al vuelo. Se sonríe amablemente pero me cae tan mal que hasta empiezo a pensar que se está burlando de mí.
La Indecisión ha tocado la puerta, al igual que yo ha venido por la duda, también la ha recibido la odiosa interrogante pero aún no se decide si entra o no… yo al menos estoy dentro, pero hasta que la duda no salga a recibirme, no pienso retirarme.
Los gemelos de interrogación habían olvidado sus sombreros, pasaron de prisa por ellos, pero alguna otra cosa esperan porque se han quedado pensativos parados en cada extremo de la casa. ¡Qué locura la de esos dos!

Mi amiga la preocupación está a punto de llamarme, lo sé…con lo puntual que es en todo. Me irrita el caos que hay en esta casa de haber sabido ni vengo, pero es difícil salir si no sale la duda, pues curiosidad no permite que uno se vaya sin verle, es muy insistente y aquí entre nos, a veces suele ser insoportable.

Doña Angustia me ha servido el té, me ha pedido que no lo deje enfriar…es muy atenta aunque su mirada asusta y luego de un buen rato de espera finalmente veo salir la duda y viene acompañada de culpa. Me saluda muy normal y me pide disculpas por haberme hecho esperar tanto. Me ha contado que ha vuelto a pelearse con su enemiga la certeza. Su rostro luce cansado, y después de escuchar su relato decido que mejor le dejo descansar.

Rechacé su oferta con sutileza, alcancé a ver una gran amiga que venía caminando y decidí disfrutar mi retorno a casa con ella… ¿la conocen? Se llama realidad

Un atraco insuperable

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El Nicky nunca imaginó que el destino le jugaría tan sucio

La mujer camina apresurada  hacia su casa luego de bajar del autobús de transporte público. Su teléfono suena de forma insistente y aunque estuvo evitando responderlo antes de llegar a casa, lo toma desde dentro de su cartera y responde: -Aló, Tito. Ya yo voy llegando mijo no me llame tanto que tu sabes cómo está la calle de peligrosa. Ya estoy a dos esquinas de la casa, cual es el desespero? –Cuelga el teléfono y escucha detrás como una motocicleta se detiene despacio detrás de ella.

Su corazón se acelera y ella trata de caminar más deprisa pero una voz la detiene:

Párate o te vuelo la cabeza, perra!

Ella se detiene, temerosa de voltear aprieta los ojos y dice: -Toma mi cartera, lo que tú quieras pero déjame ir. Sus manos se veían cansadas por los años y tantos quehaceres domésticos que debía hacer en la casa donde laboraba como enfermera de un adinerado señor, que ya no contaba con la salud ni la edad para valerse por sí mismo.

Uno de los dos antisociales le arrebata la cartera y ella instintivamente, pensando que ya podía marcharse, emprende la huida…sin embargo es alcanzada por un impacto de bala y mientras cae al suelo perdiendo el conocimiento escucha una voz que grita: -¡¿Cuando te dije que te fuera, maldita?!

Diablo manito la matate, coño! –Exclamó quien conducía la moto

Dicen que uno es malo pero mira a ella nadie le dijo que se fuera, ponen a uno bruto bro.

El motor arranca con los dos individuos  a bordo, eran dos adictos a las drogas, ambos menores de 20 años y sin ningún tipo de ambición en la vida. Sobrevivir en la selva de concreto era la única meta, y conseguir lo necesario para su dosis diaria de drogas y comida.

Sus nombres eran Freddy  alias La Cobra y Nicolás pero a quien todos llamaban El Nicky. Este último se había criado prácticamente en la calle, se deprimía al recordar su infancia pues su madre lo había dejado con una comadre llamada Delia para ir a trabajar a la capital y esta se lo había llevado para San Cristobal, sin comunicarse con su madre y allí permitió que su marido abusara de él de todas las formas posibles. Siempre se preguntó si su madre hubiera permitido aquel maltrato tan terrible y si realmente lo había dejado por trabajo. Habia muchas preguntas en su cabeza. A los doce años el decidió abandonar la escuela y vivir en la calle junto a otros niños que habían tomado la misma decisión que él. Su rabia y dolor solo parecía aumentar con el tiempo, odiaba ver como algunos tenían familia, como celebraban el día de las madres y él, siempre luchando para sobrevivir en un mundo lleno de mentiras y de gente falsa, donde solo las drogas parecían hacerlo sentir importante.

En la noche después de tanto rodar buscando victimas para sus atracos, se sientan en el balcón de la pensión donde viven.

Prende un tabaco, bro. –Dice Nicky mientras empieza a revisar la cartera que horas antes había ido a esconder para seguir la ruta de robos en las calles. Abre la cartera y encuentra muchos disparates. “pura mierda” susurra mientras Freddy enrola el tabaco de mariguana sentado a su vera.

En el monedero había 350 pesos, un dólar viejo y doblado y un sobre doblado con un papel dentro color amarillo. Le sorprende ver en la cedula de identidad que la señora que habían ultimado ese día llevaba su mismo apellido. Siente una extraña curiosidad.

El abre el papel amarillo que contenía el sobre  y empieza a leer: “ Comadre, supe que usted está enferma pero no sabía su paradero hasta que hablé con Norma y me dijo que usted se mudó a San Cristobal. He ido dos veces allá pero no tengo la dirección y parece que nadie la conoce a usted. Usted debió decirme, yo estoy muy dolida, mi muchachito tenía seis años cuando yo se lo dejé ahora mismo debe tener casi 18, en la escuela me dijeron que solo hizo el tercero allá y después usted se lo llevo nadie supo decirme nada ya son doce años de sufrimientos buscando mi niño y usted me lo robó, Delia. Porque me hizo eso si éramos como hermanas. No fui a la policía porque sé que en el fondo usted me hizo un favor cuando Claudio y yo nos dejamos no tenia para comer y me vine a la capital a trabajar pero yo quería volver a buscar a mi Nicolasito. Cuando Norma le entregue este papel llámeme de una vez al número que dice el sobre yo no he vuelto a ser gente después que deje mi muchachito botao. Llámeme que no quiero hacerle daño a usted solo quiero saber de mi hijo”

Freddy notó que Nicky lloraba, y lo miró detenidamente sintiendose un poco asustado. Nunca lo había visto así.

Fueron a dormir sin hablar del asunto, en el fondo sentía cierto temor de preguntar pues Nicky era demasiado orgulloso y por cualquier cosa explotaba.

Al amanecer un fuerte sonido despierta la mayoría de los inquilinos del pequeño edificio. Freddy salió corriendo con la mano en la cabeza y exclamaba: ¡Dios mio Nicky se pegó un tiro! ¡Ay Dios mio se mató el bro!