Si Pedro Mir aún viviera…

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Si existen personas en el mundo que amen su país y sus raíces de una forma enfermiza, pudiéramos decir que soy una de ellas…

“Hay un país en el mundo
colocado
en el mismo trayecto del sol.
Oriundo de la noche.
Colocado
en un inverosímil archipiélago
de azúcar y de alcohol.

Sencillamente
liviano,
como un ala de murciélago
apoyado en la brisa…”

¿Lo recuerdan? ¡Grande, Pedro Mir! Sin embargo, en los tiempos de ese magnifico escritor, no se veían tantas injusticias como vemos ahora en nuestra hermosa media isla… su versión de este poema, aunque definitivamente el autor intenta hacer una denuncia dentro de sus bellas expresiones, creo que pudiera cambiar un poquito sus letras si viviera el mismo día a día de nosotros.

No soy de las personas que menosprecia mi país, ni de las que enaltece culturas ajenas a las mías, pero creo que hay muchas cosas que pudieran mejorar y facilitarnos la existencia a los ciudadanos que pagamos impuestos y que trabajamos de forma honrada y con muchísimos sacrificios.

Recién colocando el marbete en mi vehículo me sentí sumamente decepcionada, no solamente por ver que el precio había aumentado considerablemente, sino por la triste realidad que vivimos los dominicanos de pagar y pagar y recibir un servicio precario, obsoleto y denigrante.

Si hablamos del tránsito, es un completo caos. Los carros de concho, se detienen sin previo aviso a quien viene detrás, pues muy raras veces sus luces traseras funcionan, y cuando las tienen funcionando, no las usan. El semáforo cambia a verde, pero quien va detrás de ellos debe esperar que esperen sus pasajeros y que, con toda la paciencia del mundo, su pasajero abra la puerta y observe dentro del carro, sugiriendo a los demás que se acomoden mejor para poder entrar.  El chófer generalmente alcanza a irse con la luz amarilla, pero quien estaba esperando detrás debe esperar al siguiente cambio de luz, y debe hacerlo pacientemente y sonriendo… porque es un padre de familia que está buscando el sustento de su familia y no se le puede reclamar.

Paradójicamente, en mi ciudad Santiago de los Caballeros, específicamente frente a las instalaciones de Obras Públicas, donde se solicita el documento que nos otorga el derecho y permiso como ciudadano a conducir y transitar por las vías públicas, no hay un semáforo ni un agente de tránsito que nos ayude a salir con vida de un cruce sumamente peligroso y transitado. Es un tramo de “sálvese quien pueda” a pesar de que su ubicación está justamente allí… donde nos piden respetar las leyes de tránsito.

Justamente al lado, se encuentra una sucursal del banco de reservas. Excelente idea si analizamos que nos facilitarían mucho la tarea de pagar los impuestos necesarios para conseguir el permiso de conducir. Lo que no concuerda es el salvajismo que tiene como paisaje dicha institución. A veces me pregunto… ¿será que nadie más lo ve?

En esas faenas del día a día, precisamente en un Banreservas, me encontré con una vieja amiga de la universidad. Muy alegre me saluda y me cuenta que ha conseguido una entrevista de trabajo y que le han pedido un papel de buena conducta que debe comprar por la suma de RD $600.00 pesos.

Es decir, que encima de que indudablemente eres una persona respetable, que nunca ha cometido un delito y busca trabajar de forma honrada, debes pagar  un monto ridículo por eso… Ella con los ojos brillosos, no supe si de felicidad por el nuevo empleo o de impotencia por desprenderse de lo que posiblemente significaba su pasaje de la semana para su nuevo trabajo, me dice: “no me van a pagar mucho, pero para estar sin hacer nada…” y es donde viene la pregunta que todos deberíamos hacernos: “ ¿Esto es lo que la gente buena y trabajadora merecemos?

El alza “medalaganaria” de los productos de primera necesidad, los combustibles y su inestabilidad infinita, un servicio público deprimente, impuestos hasta por respirar, sueldos mínimos que hasta decirlos causan dolor de cabeza, la inseguridad en las calles que hasta se nos ha vuelto costumbre, la nueva moda de poner multas al más bonito… hay testimonios de gente que incluso ni siquiera carro tienen, ni han manejado en un largo periodo de tiempo y aparecen con su respectiva multa como por arte de magia…ah y  trate de no enfermarse porque se irá directo a la quiebra… es una verdadera lástima que nuestra gente esté más pendiente de las cervecitas y la hooka de los fines de semana, y no se enfoque en su realidad. Es simplemente eso, el dominicano no quiere ver su realidad, por eso prefiere embriagarse y disfrazar su dolor.

Sin embargo yo vuelvo y pregunto: ¿Es esto lo que merecemos?

¿El amor?…en el pasillo de rebajas

 

12_may_2017_22_38_02_maniquiesEs un poco complicado el tema de las relaciones hoy en día. Qué si las mujeres somos materialistas, qué si los hombres son unos patanes mentirosos y entre todo ese lío nos perdemos de las cosas bonitas, porque estamos totalmente predispuestos y esperando lo peor de esa persona que intentamos conocer, pero que no le damos realmente la oportunidad de demostrarnos algo positivo porque ya estamos a la expectativa de que haga una estupidez o que nos decepcione.

El materialismo no es más que una conclusión errada de que “si las cosas salen mal, al menos no me quedaré nada más con el dolor” y se ha generalizado de una manera que asusta. A tal grado que el hombre nos trata como un objeto sexual que puede comprar y usar a su antojo.

Escuchar a las mujeres decir que “no lo dan gratis” o que “no le hacen caso a un debaratao” se hace cada día más común y nos causa un impacto social que a simple vista no podemos asimilar pero si nos detenemos a observar las consecuencias de esta realidad, los chicos quieren mucho dinero para tener muchas chicas. No hay un sueño de una familia, de hijos, de un hogar… y es lamentable, porque la generación actual no tiene donde afincar sus sueños.

La preocupación principal en todo esto es llamar “liberación femenina” a la irresponsabilidad, promiscuidad, prostitución, vulgaridad y libertinaje…cuando la verdadera libertad está en el poder de decidir, en la no dependencia y en la belleza de la honestidad.

No creo que ponernos pelucas, uñas y pestañas postizas, o esas fajas que reducen visiblemente la cintura y un maquillaje excesivo para parecer de porcelana nos pueden ofrecer libertad. Quizá si nos ofrezca una belleza temporal, la cual no critico pues es algo bonito y moderno intentar lucir lo mejor posible con tantas herramientas que tenemos a la mano en la actualidad…lo que sí me parece tonto, es creer que ya por vernos como muñequitas barbies, ya merecemos que nos paguen las cuentas, que nos salden las deudas, que nos compren un carro y nos paguen la renta…

Si queremos respeto debemos trabajar. Demostrar que nuestra inteligencia va mucho más allá que nuestro sexo. Que somos maravillosas administrando, buenísimas organizando eventos, súper creativas decorando y suficientemente honestas para ser contables o cajeras de un banco.

Vamos a empezar por quitarnos esa etiqueta de “se vende” de la frente, y pongamos una que diga “se respeta” para lograr finalmente entender que una mujer que no pide nada, lo merece todo… y una dama que trabaja por sus sueños, no necesita usar ningún camuflaje para enamorar … no solo a su hombre, sino al mundo que la observa orgulloso de su esfuerzo.